martes, 15 de mayo de 2007

Lana roja



Clavo la aguja. Media hora más tarde vuelvo a clavar la aguja.
Y así se pasa mi día. Solo veo lana roja.
La lana que tal vez sea tu bufanda que
tal vez lleves de viaje al lugar al que
tal vez yo alguna vez vaya.
Tal vez no.
Tal vez decida quedarme acá, clavando las agujas.
Tratando de desahogar una bronca que nació conmigo.
Pensando que cada centímetro de lana roja es sangre que corre.
Sangre que tal vez me calme.
Tal vez no.
Tal vez decida terminar la bufanda. Levantarme de la silla y salir.
Salir de mí misma. Desatar nudos de lana roja que me envuelven y reir.
Reir. Reir.
Y agarrar mi vida, clavarle una aguja y comenzar a tejerla.

1 comentario:

Julieta Pinasco dijo...

Oíme, arañita roja... nada en la vida vale una aguja clavada y menos que menos en tu propio corazón. Porque te siento ( quizá un poco lo sos)como una hija, te digo que tejer es casi como hablar porque uno construye con el hilo/palabra realidades. la cuestión es no quedar atrapada en el texto/tejido. Mi mjeor amiga Mónica escribió la última vez que estuvo en Buenos Aires

Lloré, sola
y vi, claramente, el hilo rojo
que entreteje la trama narrativa
que es
la vida
o mi vida,
que, a veces
sólo a veces
coinciden.
Lloro mientras desenredo
el hilo rojo
enchastrado
embarrado
de sangre
que va narrando la novela
que es nuestra vida.
El hilo rojo de la narración familiar
está salpicado
y en algún momento
eso
nos jodió
la alegría
y yo, como pitonisa,
al fin
lo padezco en el cuerpo.

Nena, empeñate sólo en ser feliz y reírte de corazón... eso lo hacés muy bien. Te quiero, Lucía y ni te imaginás cuánto.
Besitos Rojos porque, al fin y al cabo, es también el color de la alegría.
Juli