viernes, 8 de junio de 2007

Creo que duermo.

Duermo, o eso creo. Estoy en esa etapa intermedia del sueño en la que los sentidos se agudizan en algún otro mundo. Mis oídos captan un sonido muy extraño. Las luces se apagan, aunque ya estaban apagadas. Temor, temor, miedo pavor. Un vampiro, un fantasma, un niño que dibuja tumbas en mi ropero. Todos juntos bajo mi cama, esperando a que baje un pie. Para atraparme y llevarme lejos. No sé a dónde. Tal vez a ese desagüe que está en la esquina de casa. Me tapo la cara con las sábanas violetas que me regaló mamá. Tal vez, quiero volver a ser una niña para llamarla y que venga a dormir conmigo. El aire que respiro es cada vez más denso. No puedo. Me ahogo. Me destapo. El sonido sigue ahí, en algún lugar de la oscuridad. Doy vueltas intentando escapar. El sonido comienza a acercarse y se mete en mi cabeza.
Mi cuarto deja de ser mi cuarto. Golondrinas comienzan a salir de mis oídos y mis ojos solo ven colores. De los pies de mi cama, comienzan a salir millones de peces que nadan por mis paredes, que ya no son mis paredes. Mi primo intenta matarme y escapo. Un mono me muerde los brazos y dos velocirraptor me persiguen. Estoy en la casa de mi abuela y lo que solía ser el ropero es ahora un pasadizo que me puede salvar, pero me rodean. Me siento atrapada y comienzo a sudar. De alguna forma que no sé cuál es, me deshago de los 3 y vuelvo con los peces. Pero ya no están. Ahora estoy en una isla desierta intentando encontrar un cuaderno de tapa naranja. Me intriga saber qué estará escrito, qué dirá. ¿Será un libro de Cortázar hablando de algún personaje que se parece a mí? Tal vez habla de la Maga. Creo que en algún momento nos conocimos. Tal vez en un sueño. No lo sé. Busco el libro con más ganas, pero cada vez me muevo más lento. Estoy en la ciudad. En la terraza de un edificio. Me tiro en paracaídas de la mano de mi profesor de semiótica. Vuelo. Siento el aire. Todo se inunda y estoy en una especie de submarino con muchos de mis amigos. Parece ser mi cumpleaños, pero no hay globos, ni regalos, ni torta. Siento el sabor del chocolate en mi boca, pero ya no estoy sumergida, estoy en un bar en San Telmo, creo. Tomando un submarino. Aunque, en realidad, el submarino ya no me gusta. Soy yo pero no estoy en mi cuerpo. Soy una niña de 5 años con manos son ancianas. Estoy haciendo un dibujo con crayones de colores que no identifico. Trazo una línea. Es un señor pero le faltan los hombros. Una señora me reta. La niña-yo llora. Las lágrimas inundan la habitación que es otra vez mi cuarto. Los peces ya no están. Una música de acordes agudos me asusta.
Despierto, o eso creo. Mi cuarto es mi cuarto. Mi cama es mi cama y yo soy yo. La luz está apagada. Apagar la luz para perderme una vez más.

1 comentario:

Julieta Pinasco dijo...

Hola, Luli...Hablo bajito porque me da pena despertarte de semejante sueño. Hace mucho que no te veo, que no hablamos más que a través de estos blogs. A ver si me llamás. Sh... seguí durmiendo que parece que tus sueños son muy bonitos (aunque te aterroricen. te quiero mucho. Juli