lunes, 18 de junio de 2007

Love it

Estoy aplastada por un tren. En cada estación, voy perdiendo mi cuerpo, parte por parte. De Tigre a Retiro, regalo, una a una, mis extremidades. Mis órganos decoran las estaciones. Baño las vías de sangre y varios pasajeros vomitan al verme.
No sé cómo pasó. Estaba parada, esperando y, de un momento a otro, estampada contra su frente.
El tren ya paró y se fue.
Estoy tirada en las vías laterales. El sol calienta el metal y mi carne comienza a cocinarse. Mi cuerpo no perdió ninguno de sus sentidos. Soy absolutamente conciente pero tratar de salvarme sería un esfuerzo inútil.
Ahí está esa persona. Esa persona. Esa persona que me vio caer, reventarme contra la maquinaria y esbozó una sonrisa. Esa persona que me mira de lejos y se regocija con mi carne viva.
De vez en cuando, esa persona se acerca y, con su pie lleno de barro, pisa mis huesos expuestos y ríe.
Poco a poco, me voy acostumbrando a la sensación.
Ahora, la disfruto.

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